Es curioso como desde finales del año pasado hasta inicios de este, personas muy allegadas, han acudido a mí por un consejo, es decir, por alguna palabra de aliento con respecto a sus situaciones. De alguna u otra forma con el paso de los años me he vuelto muy buena consejera (no creo que sea una habilidad extraordinaria, todo lo contrario, es una actitud muy común en el ser humano), somos tan buenos dando consejos, pero no aplicándolos en nuestras vidas.
He notado que los problemas más frecuentes, o que comúnmente nos quita el sueño, es el ser despreciados por alguien más, es increíble que, por amor, fraternidad, respeto, hasta por situaciones económicas, laborales y/o académicas, etc., permitimos que una persona nos manipule, nos use, al punto de comprometer nuestra integridad mental y en muchos casos hasta física.
Una relación, sea de la índole que esta fuese, siempre de alguna u otra forma nos compromete, nos marca, buscamos la aceptación de nuestros padres, amigos, jefes, compañeros de trabajo, hasta de nuestra pareja. El detalle está, (y que en su mayoría no nos damos cuenta), que, en ese afán desesperado, en la búsqueda de la aprobación, mostramos conductas que solo reflejan la inseguridad con nosotros mismos, la baja autoestima. En otro plano, si nos preguntan, si somos capaces de afrontar un nuevo empleo, de tomar las riendas de un nuevo camino, sin duda, recordamos nuestras habilidades, nuestras actitudes/aptitudes, y es ahí, donde la seguridad sale a flote, pero cuando nos encontramos con esta necesidad de sentirnos aprobados, es donde realmente, se cae la careta y quedamos al desnudo, quedan en evidencia nuestros más profundos temores.
No es un pecado el sentir miedo, el querer ser aceptados o el ser inseguros, pues, todo lo contrario, es todo esto y mucho más que nos hace recordar que sentimos, que somos humanos, somos un cumulo de sentimientos encontrados, no está mal caer, lo importante es saber levantarse, y no dejarse carcomer por nuestras debilidades, y mucho menos, permitir que estas sean puente para que otras personas se aprovechen.
Pienso que fortaleciendo la autoestima y siendo más seguros, disminuiría notablemente las posibilidades de que otra persona nos humille; esto me recuerda un escrito que leí hace un tiempo, que hablaba del control de nuestros sentimientos ante las acciones de un tercero, básicamente explicaba, la responsabilidad de un tercero ante sus acciones, y en cómo estas podrían o no afectarnos, es decir, en palabras más o palabras menos: pueden decir lo que quieran de tú persona, pero eres tú mismo, el único responsable de que esto te afecte o no, (por supuesto, todo esto a nivel psicológico).
Es por esto, que esta entrada, se la dedico a todas esas personas que sienten que están en ese limbo, o que han tocado fondo; no se preocupen, todo pasa, las malas experiencias los hacen más fuerte, más decididos, los ayudan a discernir, a ser más selectivos, a tener en claro que es lo que quieren en su vida, y en cómo mover las piezas en base a eso. Que se los digo yo... que me he convertido en una montaña rusa de emociones, de buenas y de malas experiencias (estas últimas, más frecuentes que las otras).
No permitan, ¡jamás! que otra persona los defina, que la misma destruya la imagen que conocen de ustedes mismos, sus sueños, ni las ganas de luchar por ellos. Sólo me queda por decirles, que crean más en ustedes, y manden para el carajo al resto, cuando empiecen hacerlo sentirán un alivio, y recordarán lo que les he contado...
No hay comentarios:
Publicar un comentario